viernes, 22 de octubre de 2010

Cómo bailar bajo la lluvia

Era una mañana agitada, eran las 8:30, cuando un señor de unos 80 años, llegó al hospital para que le quitaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 am. Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo ví mirando su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba curado, entonces le pedí a uno de los doctores, algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida.
Mientras le realizaba la cura, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado.
El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geríatrico para desayunar con su esposa. Le pregunté sobre la salud de ella.
El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí, ya que padecía de Alzheimer.
Le pregunté, si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde.
Me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él..., hacía cinco años que ya no podía reconocerlo.
Me sorprendió, y entonces le pregunté, ¿y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quien es usted?.
El sonrió y me acarició la mano.
'Ella no sabe quien soy, pero yo aún se quien es ella."

Para trabajar con orden y eficacia

jueves, 21 de octubre de 2010

La generosidad: Para el otro, lo mejor


Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su choza pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba prendado de la belleza de su cabello negro, largo como hebras brillantes salidas de su rueca. Él iba cada día al mercado con algunas frutas. A la sombra de un árbol, se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes su pipa vacía. No llegaba el dinero para comprar un pellizco de tabaco. 

Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalar a su marido. Y, además, ¿con qué dinero? Una idea cruzó su mente. Sintió un escalofrío al pensarlo, pero, al decidirse, todo su cuerpo se estremeció de gozo; vendería su pelo para comprarle tabaco.
Ya imaginaba a su hombre en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa: aromas de incienso y de jazmín darían al dueño del puestecillo la solemnidad y prestigio de un verdadero comerciante.
Sólo obtuvo por su pelo unas cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco. El perfume de hojas arrugadas compensaba largamente el sacrificio de su pelo. 

Al llegar la tarde, regresó el marido. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos peines para su mujer, que acababa de comprar tras vender su vieja pipa… Abrazados, rieron hasta el amanecer.

El autismo ¿se cura?

El autismo es una discapacidad y no una enfermedad.

Esto significa que el autismo no puede curarse.
El autismo no puede curarse, pero eso no significa que no se pueda hacer nada.

Al igual que con otras discapacidades, las personas con autismo pueden aprender a sobrellevar sus dificultades y pueden ser ayudadas con:

·        Apoyo especial, recursos y ayudas, como agendas

·        Educación especial y entrenamiento, como escuelas especiales o entrenamiento de habilidades sociales

·        Asistencia y guía de profesionales, como psicólogos

·        Un entorno adaptado, como trabajos protegidos
Algunas cosas son más difíciles para las personas con autismo que para otras personas.

¡Pero también tienen talentos! Ser diferente de otras personas no es sólo un problema o una discapacidad. ¡Es mucho más que eso!

También me hace un poco especial y excepcional.
 

Para memorizar mejor...